• Sin Remitente

Sin título



 

Me alejo y la estela de mi espacio habitado deja bordes difusos donde antes era yo.


Me diluyo en el tiempo aún inexplorado, porque el ayer es ya el ahora que ya no existe.


Recuperar. ¿Recuperar dónde? Si el lazo que he trazado con la yema de mis dedos va atrapando ciegamente el aire que se cuela por la palma de mi mano. Lo que es ahora es a partir de donde rearmo. Me (re) a(r)mo.


Me dirijo al borde de mi misma, a mis canales vaciándose a destajo en cuanto quiero atraparlos. No hay sustancia, hay una membrana poliforme, inasible. Cambia como la niebla, como la forma de una duna. Yo estoy en el centro y en los bordes y soy también la membrana misma que se observa y trata de capturarse, como el hombre conquista esa misma luna que días después le muestra a sus colegas colgando de un llavero de su casa y diciendo, esta es la luna y es mía.


Me mezclo entre la multitud y me encuentro desapareciendo en los ojos de un hombre que mira la hora y piensa con rabia que no llega a tiempo.


Brinco en sueños sobre el agua.


Llenándome de vacío hago espacio. Y abriéndome como una boca rebelde y hambrienta me voy saciando entera.


Viento que me recorres las entrañas, hazme ligera, destruye todo en mí y vuelve a juntarlo como un copo de nieve sobre la copa de un árbol viejo.

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